Mtro. Arturo Espinosa Silis
Es licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana (UP) y maestro en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), misma institución en donde cursó la especialidad en Justicia Electoral y en Derecho Electoral. Es diplomado en Argumentación Jurídica por la FLACSO México, y en Análisis Político por el CIDE. Ha cursado también programas de Alta Dirección en el IPADE.
Actualmente es socio de la consultoría Strategia Electoral, especializada en derecho electoral, constitucional y parlamentario, así como director del think tank Laboratorio Electoral. Laboró en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), como Secretario de Estudio y Cuenta.
Es profesor de Derecho Electoral en la Universidad Panemericana, así como de posgrado en diferentes institucionales. Ha impartido cursos y conferencias sobre temas electorales en universidades, institutos electorales locales y a integrantes de partidos políticos.
Cuenta con diferentes publicaciones sobre elecciones, democracia y justicia electoral en en revistas y libros colectivos. Es colaborador en medios de comunicación. Se ha desempeñado como observador electoral y especialista en temas de justicia electoral con la Organización de Estados Americanos. Es miembro de la Barra Mexicana Colegio de Abogados, donde coordina la Comisión de Derecho Electoral y dirige el
canal de televisión BMATV.
Resumen
Vivir en democracia
A veces no estamos consientes de lo que implica vivir en democracia, o se nos olvida. Vivir en democracia es tener un sistema de gobierno que privilegia los derechos humanos y las libertades, en la que gobierno y sociedad son tolerantes de la diversidad, respetuosos de las diferencias de opiniones y visiones, impulsores de la libertad de expresión y las diferencias de opiniones, implica que sea la ciudadanía quien elija a sus gobernantes y representante en elecciones libres y autétnicas, que se desarrollen en condiciones de equidad que permitan la competencia entre las diferentes opciones que se presenten, que podemos ejercer nuestros derechos políticos y electorales, particularmente el voto que sea secreto y universal. La democracia requiere que tanto del gobierno como de la ciudadanía.
Para muchos mexicanos y mexicanas puede ser tedioso hablar sobre la democracia, pareciera que es algo que ya damos por sentado. No debemos olvidar, quienes lo vivimos, y quienes no deben conocer cómo era el México de antes, aquel en el que la boleta electoral solo tenía un candidato por el cual votar, no había más opciones, en el que el mismo partido político ganaba todas las elecciones, ese país en el que no existía competencia entre fuerzas políticas, incluso durante mucho tiempo no podía haber nuevos partidos políticos, mucho menos los que tuvieran una visión de país opuesta al gobierno. Un sistema electoral en el que quienes organizaban las elecciones eran los mismos que las ganaban y cuando había el más mínimo riesgo de que fuera así entonces hacían lo necesario para mantener el poder a costa de la voluntad de la ciudadanía.
Al país le ha tomado casi 50 años construir una democracia en la que podamos expresarnos libremente, disentir o incluso criticar a quienes ejercen el poder, aceptar y reconocer la diversidad cultural y sexual, salir a las calles a manifestarnos sin que el gobierno nos mate o desaparezca, poder elegir cada 3 o 6 años a nuestros gobernantes y representantes con posibilidades reales de que si el que está en el cargo no nos convence entonces elegimos al del partido contrario, poder tener autoridades electorales que no dependan de quienes nos gobiernan.
Si bien nuestra democracia no es perfecta y aún tiene diferentes áreas de oportunidad, su construcción ha sido constante desde hace 50 años, los avances son palpables y latentes. Desafortunadamente la destrucción o amputación de esta construcción institucional y jurídica es fácil de conseguir. Destruir el sistema que que nos ha llevado a tener alternancia continua y permanente en el gobierno, pluralidad de fuerzas políticas que representan a la ciudadanía a partir de diferentes ideologías y visiones y elecciones competidas, libres y auténticas en las que candidaturas de partido o independientes pueden ganar pues es la ciudadanía quien decide, sumado a las libertades y derechos que diario ejercemos, es una amenaza latente.
En los últimos dos o tres años, estudios y análisis sobre el avance democrático en el mundo han dado cuenta del retroceso democrático que vive México, organizaciones como The Economist, Idea Internacional o el Latinobarometro han señalado que la democracia mexicana no solo vive un estancamiento, sino que va como los cangrejos, para atrás, las amenazas a la libertad de expresión, la persecución política a opositores, las modificaciones legales para concentrar más poder en la figura del Ejecutivo, el ataque a las instituciones autónomas, entre otras, son síntomas de una democracia enferma y amenazada.
El más reciente golpe a la democracia mexicana es el llamado “Plan B” de la Reforma Electoral, el cual en esencia busca mermar la capacidad de la autoridad electoral para organizar elecciones bajo los parámetros necesarios para considerarlos como democráticas, en particular en dos aspectos:
- La reducción y minimización de la estructura operativa que se encarga de organziar las elecciones y que garantiza que estas sean democráticas. Estructura que por un lado desaparece, como ocurre con las juntas distritales y sus vocalías y por el otro mínimiza como pasa con la Secretaría Ejecutiva.
- Acotando las facultades interpretativas y sancionadoras de las autoridades electorales, aquellas a través de las cuales se hace valer el Estado de Derecho, se garantizan las condiciones de equidad y competencia de las elecciones y se busca poner en orden a las fuerzas políticas que actuan constantemente fuera de los márgenes legales.
El Estado mexicano cuenta con un entramado institucional que sostiene la democracia, entre ellos el Poder Judicial y el Instituto Nacional Electoral, aunque los embates hacia estas ha sido constante y vigoroso, las batallas se han dado y se han librado. El otro frente desde el cual se combaten los golpes a la democracia es el ciudadano, por ello hemos salido masivamente a la calle para alzar la voz, para expresar nuestra inconformidad. Sin embargo, la prueba de oro será en 2024, el día que salgamos a las urnas a elegir nuestro gobierno y a nuestros representantes para los siguientes 3 y 6 años, y será ese día en el que la ciudadanía tenga la última palabra, y son los jóvenes quienes cuentan con una decisión definitiva. Nosotros decidiremos si queremos vivir en democracia o no.
