A Diez Años de la Reforma Constitucional en Materia de DDHH y el Juicio de Amparo


Mtra. Rubi Cristina Cabello López

Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Chihuahua, con promedio general de 98, primer lugar de la generación 1980-1985.
Maestría en Derecho Corporativo y Empresarial por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Chihuahua.
35 años de experiencia profesional en el ámbito del litigio, como abogada postulante en diversas áreas del derecho: amparo directo e indirecto, civil, mercantil, familiar, corporativo, litigio societario y sucesorio, así como litigios civiles y administrativos federales.
Más de 25 años siendo Catedrática del Itesm, habiendo sido ganadora de los Premios de Maestros que dejan Huella en las dos ediciones y calificada por los candidatos a graduar de múltiples generaciones como una de las mejores catedráticas de la Licenciatura en Derecho del Itesm.
Su pasión es la abogacía y la enseñanza. Ama al Tecnológico de Monterrey y adora la práctica docente.
Ha sentado un gran número de precedentes emblemáticos a nivel estatal y federal que han cambiado la impartición de justicia 


A DIEZ AÑOS DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS Y EL JUICIO DE AMPARO

Hace diez años nuestro país experimentó un cambio paradigmático en materia de derechos humanos a raíz de la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el Caso Rosendo Radilla Pacheco contra México; se actualizó un cambio de raíz en el sistema jurídico mexicano, marcado por un antes y un después en esta materia.  

Con la mencionada reforma constitucional, el juicio de amparo -institución nacida en el seno de nuestro país y figura emblemática de la nación mexicana que fue exportada a muchas naciones-, amplió su espectro protector de los derechos humanos de los gobernados.

Hoy, a diez años de la reforma constitucional en cuestión, la tarea continúa.  Se requiere de una labor constante de juristas, legisladores, impartidores de justicia en todos los ámbitos, catedráticos, abogados postulantes y estudiantes, con verdadera vocación que día a día conciban un país mejor en el que los derechos humanos cobren vida y permeen en todos los ámbitos para los justiciables.  

Esta noble tarea requiere de la participación de todos.  Como abogada postulante, jurista y catedrática, mi tarea es dejar en mis alumnos la idea de hacer camino, hacer de cada caso que conozcan y llegue a sus manos, un ejemplo vivo del respeto de los derechos humanos.

Se antoja una tarea difícil, pero todo es posible cuando nos anima la pasión por dejar huella, trascender, permear en cada uno de nuestros pasos el deseo impostergable de dejar una mejor ciudad, un mejor estado y un mejor país, donde los derechos humanos de todos los gobernados sean salvaguardados.   

El juicio de amparo, concebido por Manuel Crescencio Rejón y Mariano Otero, entre otros, como medio de control de la constitucionalidad y convencionalidad de los actos de las autoridades, como juristas nos permite sentar precedentes y las bases de un sistema jurídico en el que día a día a virtud de las ejecutorias y luego, de la jurisprudencia, se actualice y visualicen nuevas vertientes para la protección de los derechos humanos.

Es hoy, el tiempo de continuar con una tarea que hoy por hoy se encuentra inacabada, porque mientras exista un gobernado a quien se transgredan sus derechos, el ideal del juicio de amparo quedará incompleto.

Principios rectores de esta fuente inagotable de la protección de los derechos humanos, lo constituyen el estudio constante, la lucha diaria contra la apatía y el conformismo, la vocación para buscar la excelencia en el quehacer jurídico, la entrega plena al asunto para lograr la justicia, esa que da sentido a la vida y que te deja con la paz que sobrepasa todo entendimiento de haber cumplido con la encomienda.  

Indudablemente que es una tarea ardua y difícil. Así es la nobilísima carrera del abogado con verdadera vocación que se dedica al amparo, que permite ser protagonista, contar historias y probarlas en los tribunales buscando tocar y cambiar vidas;  ello luego tiene efectos multiplicadores cuando se sientan precedentes y jurisprudencias.  

En esta encomienda también el abogado (a) se vuelve un visionario y transformador del presente, cuando se actualizan situaciones complejas que deben ser analizadas desde ópticas diferentes con motivo de los avances científicos.   Con frecuencia esta clase de abogados y abogadas se anticipan a su tiempo y logran cambios paradigmáticos que luego son compartidos por impartidores de justicia que establecen jurisprudencia.  Así evoluciona el derecho día a día y ser parte de la historia es de unos cuantos aventurados que se atreven a pensar diferente.

El juicio de amparo se vuelve entonces en el mejor instrumento con que cuenta el gobernado cuando se actualiza en su perjuicio, una violación a sus derechos humanos por una autoridad y/o un particular en los términos que contempla la Ley de Amparo.

Aquel abogado que quiere destacar y distinguirse en su profesión, lo logra cuando siente la pasión de soñar con hacer posible lo imposible y no se distrae ni un segundo de su cometido, porque sueña con un mundo mejor y día a día trabaja en ello y empeña su palabra y su compromiso hasta ver sus sueños cristalizar.  

Ese abogado comparte una visión con futuro, un compromiso con lograr objetivos insospechados y una búsqueda incansable de una transformación social con sentido humano, que despierte consciencias y sea un respiro de aliento en las vidas de aquéllos con quienes coincide, ya sea porque les brinda sus servicios, porque imparte justicia en el caso sometido a su conocimiento, o es investigador o consultor.  

La profesión de abogado (a) es maravillosa, porque permite tocar vidas, impactándolas. Qué bendición más grande es poder coincidir para transformar vidas y que cada uno de nuestros actos busquen trascender en el más amplio sentido humano.

Deja un comentario